Esta semana en el sur de Laos ha sido una de las más coloridas y vivas de tonas las pasadas en el sureste asiático hasta ahora. Tuvimos la oportunidad de alejarnos bastante de las rutas "turísticas"- aunque aquí tampoco es que haya muchas – y realmente adentrarnos en partes bastante apartadas de la región, en un país ya bastante aislado de por si. Todo gracias a locomoción alternativa, pero mejor empiezo por el principio.
Después del espeluznante viaje de Luang Prabang a Vientiane el autobús nocturno a Pakse, a unos 600 km al sur de la capital, parecía en comparación de lo más seguro. Claro que en circunstancias normales un autobús cargado con sacos de 50 kg por todo el pasillo central, con gente tumbada encima – haciendo cualquier transito altamente dificultoso, sobre todo en caso de estampida – y un conductor que conducía el artilugio como si el hombre estuviera sobre una autobahn alemana no una carretera de Laos, con perdón. Al menos el camino no incluía zona de montanas y los camiones optaban por no circular de noche. Había que pensar en positivo, y se me ocurrió que en cualquier colisión el peor arado iba a ser la otra parte, ¡o sea que tendrían cuidado en quitarse del medio!
Pakse es una pequeña ciudad mayormente de paso para los turistas dirigiéndose al oeste, hacia Tailandia, o hacia el sur, a la zona de las 4,000 islas en el Mekong donde el río se ensancha considerablemente y deja al descubierto infinidad de islas, algunas de tamaño considerable, donde se puede hacer una parada de unos días antes de seguir hacia Camboya, un poco mas al sur.
Para Yael y para mí, lo crucial era poder (por fin) alquilar una moto decente (250 cc) para adentrarnos en toda esa parte del país que no esta servida por transporte, casi de ningún tipo. Una vez encontrada la moto, del mismo modelo que habíamos alquilado la primera vez en Tailandia, y después de una pequeña pausa en Pakse – pasando un calor increíble, ya nos habían avisado que el sur, al estar a menor altura, seria bastante más caluroso – nos pusimos en camino.
El primer día comenzamos con una simple, aunque larga, subida a la ciudad de Savannakhet – la tercera del país. Mansiones coloniales, plazas e incluso una iglesia católica. Lamentablemente hoy en dia esta todo bastante envejecido e incluso en estado de ruina a veces.
La aventura empezo a estar servida cuando de Savanakhet nos dirigimos al este del pais a un pequeño pueblo llamado Saravan. Polvo, pueblos, caminos de tierra roja, puentes de tablas de madera entrecruzado no siempre faciles de cruzar con la moto. Por otro lado la sensacion de adentrarte en el Laos mas real y autentico, al margen de las rutas por las que pasan los autobuses... En realidad el camino era un festin de oportunidades fotografias o simplemente para admirar el paisaje y sobre todo las personas en sus quehaceres cotidianos, tan sumamente diferentes a cualquier cosa que hayamos aprendido los europeos. Los rios estan para banarse, lavar, fregar, el agua, vamos de todo. Eramos bichos extranos, eso si. En una moto enorme, para los estandares de por aquí, con casco – casi inexistentes para las personas normales – y con camaras y veocidad. Dabamos mas miedo que Robocop! Pero los chavales tienen una curiosidad innata y nos sonreian y saludaban con mucha alegria!
Estuvimos en total unos cuatro dias por la ruta de caminos apartados, a veces habia algun trecho de asfalto, lo menos, mas de tres cuartas partes eran caminos de tierra. Muchas veces bien pisado y por donde se podia circular con relativa facilidad, la subida a los montes – una planicie en medio del paises donde se cultiva café introducido por los franceses, era un poco mas arriesgado. En cualquier caso, en terminos de conduccion el ultimo tramo entre Attapeu y Champasak fue el de curtirse de verdad. Un conductor vietnamita que venia en la direccion opuesta nos aviso que despues de cruzar un rio - en una pequena barca, empujado (el rio no esta muy crecido) por una senora – el camino se volvia realmente todo-terreno. Efectevamente eso es lo que fue. Unos 70 km con poco mas de 3 o 4 pueblos, atraversando las profundidades de la jungla donde mdereros – probablemente super-ilegales – talaban y transportaban arboles de mas de 3 metros de circunferencia en viejos camiones que reventaban ruedas por el peso y bloqueaban el camino (dimos a parar con dos) y unos cinco rios donde evidentemente la palabra "puente" no habia llegado. Menos ma que esta es la epoca seca y los rios estan en minimos, porque si no el camino hubiera estado completamente intransitable. Aun asi, cruzar rios hasta las rodillas de agua – esto en una moto que personas de menos de 1,75 no tocan el suelo sentadas – daba cierto cosquilleo. Caerte de la moto en esas circumstancias podria creer dificultades, sobre todo para la moto! Pero la condenada cruzaba, no me lo acababa de creer, pero a cada una que dejaba atrás mas dificil se hacia el dar la vuelta cuando te encontrabas de nuevo una delate. El camino era de enduro y la verdad es que aprend bastante!! Ahora, tengo un nuevo respeto por los constructores de puentes, aunque sean dos tablas pegadas de mala manera!
Pasar entre 6-8 horas diaria en la moto bajo estas condiciones cansa y uno llega lleno de polvo y suciedad por todas partes, pero muy contento de haber disfrutado de parajes poco accesibles y aun lejos del turismo tradicional. Tambien hay una sensacion de aventura diferente al no tener ni idea de que le espera a uno unos kilometros mas adelante. El mapa que llevabamos era mas bien indicativo, la condicion de la carretera cambia constantemente y uno se encuentra con sorpresas continuamente que le dan, al final del dia, un sentimieto de logro que no se consigue viajando simplemente en autobus, por ejemplo.
En cualquier caso la moto fue excelente para transformar la vision que habia tenido de Laos hasta entonces. Uno se da mucho mas cuenta de la pobreza real que impera en el pais, aunque eso no implica necesariamente tristeza o penuria como se pudiera pensar. Es simplemente una forma de vida ancestral que la gente de la ciudad o de occidente tiene mal a imaginar.
Al volver a la civilizacion – en este caso a una carretera asfaltada – nos dirigimos al pueblo de Champasak que queda a las afueras de las ruinas de un templo Khmer construido por este pueblo (ahora los habitantes de Camboya) hace unos ocho siglos o asi. Este seria el primero de muchos que llegaria a ver mas al sur, en Camboya mismo, y una interesante introduccion a una civilizacion y sus restos de los que tenia muy poco conocimiento.
Antes de eso, la ultima parada en Laos fue en las islas del Mekong, casi en la frontera con Camboya, donde aun se pueden avistar los ultimos delfines que viven en el Mekong – desafortunadamente en vias de extincion – asi como unas pequenas cataratas que se suceden aquí, haciendo una navegacion continuada del Mekong imposible en este punto. Despues de el palizon de la moto unos dias de descanso relativo venian muy bien. Desde aquí el proximo paso era la dura Camboya.
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